domingo, 3 de junio de 2018

Luces ajenas

Me voy dejando, me voy despojando. Me mojo los labios en el café mañanero e intento recordar el enigmático comienzo donde todo empieza a surgir. Me limpio los ojos aún cansados dispuestos a vivir un nuevo día lleno de gracia, de emoción, de sensibilidad. Me ata la esperanza de alcanzar los momentos y los regocijos.

Me encuentro de repente dibujando sobre la mesa con los dedos fríos aquél lugar que vi en los sueños; Luego me doy cuenta que aún es de madrugada, que sigo soñando, que tengo horas valiosas para dormir pero prefiero crear con la mente llena de ideas y colores. Me lleno de valentía, me levanto de la cama y miro por la ventana. Ante mí hallo una vista hermosa. Está helando, siento fríos los pies, pero poco a poco me voy despojando del frío y de las sensaciones pasajeras y me concentro en crear. Me siento en la mesa, cierro los ojos, bebo un sorbo de agua y siento como todo en mi cuerpo empieza a despertar aún sabiendo que sigo soñando.

Respiro, siento, me lleno de vida, trato de alcanzar con mis manos el cielo despejado, dejo que el aire frío ocupe mis pulmones y de repente empieza a suceder. Escucho el sonido del mar sin estar cerca de él siquiera, escucho los pasos sobre la arena y me concentro en un momento en la sensación que recuerdo que tenía de niña cuando jugaba a construir y a dibujar sobre la arena. Me concentro en descubrir ese arco iris que quise tocar y que nunca alcancé. Trazo líneas, escucho acordes y empiezo a dibuja melodías. Siento la brisa helada colándose por entre mis poros, siento como me roza las mejillas, siento la magia avanzando por las falanges de mis dedos. Me concentro en ser para así mismo lograr estar. 

Allí estoy.