miércoles, 7 de febrero de 2018

De cero a un millón

Con los brazos y el alma cerrados a cualquier tipo de contacto, ya fuera físico o emocional, me encontraba encontrándome y recogiendo las piezas del rompecabezas de mi vida. Me hallaba recogiendo las piezas de lo poco que me quedaba. Estaba en un punto donde no me nacía nada y no necesitaba tampoco mucho porque tenía lo esencial para vivir tranquila, independientemente de que no estuviera para nada feliz.

Sin darme cuenta pedía a gritos un poco de esto y de lo otro, pero no estaba segura de si lo quería recibir. No estaba segura de si valdría la pena arriesgarme a seguir perdiendo el tiempo y botándole corriente a varias cuestiones que no merecían tanta atención. ¿Valdría la pena exponerse de nuevo? No, no era el momento. 

Tras semanas de pensamientos nublados, ojos llorosos y lugares que traían consigo sólo melancolía, me encontré dudando de mí, de mi existencia, de mi vida. Me preguntaba si habría valido la pena dejar todo atrás para comenzar de nuevo, para reencontrarme conmigo misma y con aquellas cosas que fui perdiendo a medida que me dejé caer en esa penumbra. Me pregunté si valió la pena renunciar a todo por nada y si valdría la pena volver a confiar para así encontrar un nuevo condimento que lograra darle sabor a mi vida.

Entre conversaciones pasajeras y poco interés en establecer de nuevo conexiones "especiales", me sentí estúpida buscando lo que no quería, pero también me sentía absolutamente cansada de no tener  nada en común con nadie a mi al rededor. Me sentí agotada de esperar siempre demasiado, así que no esperaba nada, no quería esperar nada de nadie, porque sencillamente siempre termino siendo quien sacrifica todo para al final quedar con las manos vacías. Me sentía cansada, abrumada y saturada. Necesitaba dar un salto al vacío y liberarme de todo eso que finalmente acabó robándome más energía de la que debía.

Poco a poco me fui dejando llevar por las palabras fugaces, por los momentos pasajeros, por la simpleza, por la "honestidad" hipócrita que todo el mundo desea tener. Nosotros mismos somos un producto el cual vendemos en cada nueva conversación, somos los mejores mercaderistas tratando de ofrecer una imagen idílica de lo que somos, pero finalmente me había cansado de eso, de pretender ser más y de resaltar más las cualidades que quizás ni siquiera tenía. Quise ser yo y así fui, un yo triste, desarreglado y que mostró lo mejor que podía ser en ese momento sin aparentar.

Entre la repetición de la repetidera, entre cientos de sujetos, entre cientos de mujeres, entre cientos de todo y a la vez nada, me dejé caer. Me dediqué a dejarme sorprender porque, como lo dije antes, no quería esperar nada, no quería sentir y no quería abrir mis brazos para abrazar nuevamente una decepción más.

Y así fue, sin querer pero a la vez queriendo, sin darme cuenta y sin pensar mucho pasaron las horas, los momentos, las palabras y los instantes. Sin estar buscando nada lo fui encontrando todo. Entre la torpeza de mis palabras y de mis acciones me fui preguntando qué era lo que yo quería y en realidad ni siquiera lo sabía, pero tenía claro que había algo que no quería dejar ir.

Quedé fría y pensé: ¿Y ahora qué? E inmediatamente me respondí: Nada, ahora nada.

Sin darme cuenta me fui metiendo de a pocos en un paisaje que no contemplaba. Me quedaba horas analizando si estaría bien estar allí, pero me gustó esa imagen conmigo adentro, aunque debo aceptar me aterraba. ¿Cómo era posible que estuviera tan metida allí? ¿Cómo era posible que con tan sólo un par de cafés quisiera verme allí metida sin más? ¿Serían las letras que estábamos escribiendo poco a poco? ¿Sería el paso que no quise dar pero que finalmente terminé dando? ¿O serían las páginas que empecé a escribir sin darme cuenta que las terminé escribiendo acompañada?

No sé exactamente qué de todo eso fue lo que en realidad tanto me fue atrapando. No sé si fueron las horas de miradas sin palabras, si fueron las manos que torpemente se iban chocando entre sí o la torpeza de las caricias que poco a poco fueron volviéndose más reales. No sé si realmente fueron las ansias de un abrazo, pero no un abrazo cualquiera, sino uno de esos que atrapa el alma, la envuelve, la calienta y la hace reconfortar. No sé si me perdí en los instantes, en la belleza de lo desconocido o en la naturalidad de lo espontáneo.

En medio de mis silencios, de mi poca voluntad por verme de nuevo entregando momentos, miradas, besos, sensaciones, caricias y abrazos, me fui dejando caer. Me fui dejando llevar por los sonidos, por las palabras, por los momentos que en este momento atesoro muy adentro. En medio de mis palabras, de mis letras y de mis canciones abrí mis brazos para recibir, para dar, para contar, para compartir.

No sé si fueron sus verdades o fueron las mías. ¿Serán quizás las nuestras?

Ahora sé que quiero más, quiero cada día un poco más. Quiero dejarme llevar, quiero sentir cada momento, sentirlo en el pecho, en el alma, en las miradas. Quiero ir de la mano y rescatarnos. Quiero redescubrir instantes, momentos, ilusiones. Quiero emprender un viaje en lo posible sin final. Quiero emprender un sueño conexo, donde no importe tanto la cotidianidad, donde a través de palabras no dichas podamos entender que ahora no es sólo un Yo, sino un Nosotros, una unidad. No Soy, ahora Somos.

De cero a un millón. De cero revoluciones, de cansancio constante, de tristeza infalible y un gran agotamiento emocional, pasé a un millón. Un millón de momentos, un millón de canciones, un millón de besos y un millón de palabras. De no existir pasé a estar viva. De no querer nada, pasé a quererlo todo, pasé a querer olvidar que no quería nada para vivirlo todo al 100%, en un manojo de ilusiones que cada día se construyen y quedan grabadas en cada canción. Pasé de cero movimiento a un sinfín de aventuras que no sabía que podía vivir con tan sólo mirar adentro sin cuestionarme.

Hoy me encuentro, me hallo, me siento y me volví a encontrar. Me veo en las reflexiones, en el éxodo que decidí(mos) emprender y que ya no tiene vuelta atrás. Hoy vamos, estamos y no nos podemos dejar ir. 

Hoy soy, hoy eres. 

Hoy Somos.